Una Canción Desesperada
1ero de Enero de 2025:
Cuando manifesté mi voluntad de retirarme de la misma, su dueño, egresado del MIT (Massachusetts Institute of Technology) de EEUU, la Universidad de Ingenieria más prestigiosa del mundo, me invitó a tomar un café en la cafetería de la Torre 2.
Me tomo un momento para describir a este hombre, de estatura mediana, mirada cálida y tono siempre afable, entusiasta y cortés, un verdadero caballero.
Jamás ostenta su brillantez y, sinceramente cuando lo conocí, mi primer día, sentado en un escritorio más de la pequeña oficina, al único que pude distinguir como superior a mi fue al talentoso Ingeniero de Software de origen cubano Reinier quien me había entrevistado, quien rápidamente me aclaró que su rol liderando al equipo de desarrollo de un módulo del proyecto de un novedoso sistema de Facturación electrónica y generación de Reportes, fue por consenso del resto del equipo. Reinier merece más que esta breve dedicatoria pero perdería el hilo de la trama.
"Martín, te propongo desempeñar otro rol, y luego de tu aclimatación de 6 meses a 1 año tomas una decisión", me dice ante mi mezcla de admiración y sorpresa.
Cómo explicar mi angustia al no poder expresar mi verdadero motivo?.
Es que ni yo sabía el motivo, solamente que una inconmensurable tristeza, falta de propósito y vacío existencial era todo lo que quedaba de mi.
2 meses de soledad, reclusión e introspección, desembocaron en un fin de año alejado de todo y de todos, hasta de mi mismo, orando y escribiendo mis 3 únicos y para mi ya imposibles sueños:
Un amor verdadero.
Tener una familia propia.
Tener un propósito para seguir viviendo.
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