La Dulce Espera



Yo no me caracterizo por ser una persona que sienta miedo, todo lo contrario. En varias situaciones límite en mi vida me he visto una y otra vez inmune a esa emoción.

Sin embargo eso dió un gran giro incluso antes de que Ceci quedara embarazada. No es fácil abrir de par en par el corazón a alguien y entregarse por completo al sentimiento.

Por primera vez en mi vida quedé expuesto a algo completamente nuevo para mí: amar sin reservas. Y el miedo no es buen aliado de la sabiduría o de las buenas decisiones, además de que mi falta de esa emoción no es de valiente, es de inconsciente, para un hombre que no está ni cerca de ser espiritualmente elevado.

Ni que hablar ahora que voy a ser padre, no se lo que podría llegar a pasarle a alguien que se metiese con la familia que con Ceci estamos construyendo, yo incluido. Yo sobre todo, las defensas que levanta la mente para evitar sentir ese miedo egocéntrico son impresionantes, y lastiman y me lastiman.

Como todo en la vida solo queda aceptar que solo no puedo, rendirme al hecho de que no puedo erradicar ese defecto por mi cuenta, confiar en la guía de Dios que todo lo puede, y en el amor increíble (si, ni yo lo creo a veces) que siento por mi mujer y nuestra familia.


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